Dolché, sabor con acento

(Esta crónica, también se contagió del acento… así que ché, te invito a leerla)

“Las tardecitas de Buenos Aires, tienen ese qué sé sho…”

Y es un verdadero gusto tener un poco de ese encanto sureño en nuestra ciudad, así como el tango que nos habla de las tardecitas de Buenos Aires, las de Medellín también tienen acento… y si lo unimos con esta maravillosa propuesta, nos da como resultado una mezcla perfecta para disfrutar en cualquier momento.

Dolché es un lugar impecable, con amplios espacios que reciben una brisa deliciosa gracias a su ubicación, permite deleitarse con una panorámica de Medellín inigualable y una atención excelente. Por donde mirés, encontrás esas palabritas que te recuerdan a los argentinos, ese acento tan particular y auténtico.

Si de los productos vamos a hablar… hay que reconocer que el sólo hecho de mirar hacia el refrigerador, que hacen referencia a las típicas gelaterias porteñas, donde están exhibidos los helados es caer eternamente en la tentación y no salir de ella. Pero aprovechando que el Groupon era de consumo (paga $10.000 consume $20.000) nos atrevimos a explorar las otras opciones de la carta… y por supuesto cerrar con un delicioso helado.

Empezamos entonces por pedir como entrada una porción de yuquitas fritas, que venían acompañadas de salsa agria con trocitos de pimentón, mmmm… ¡fenomenales! Luego nos decidimos por wrap de lomo de cerdo, que traía deliciosos vegetales como puerro, champiñones, zuccini y salsa agridulce y el Cheto wrap, que tiene como ingrediente pollo al grill con tocineta, salsa agria, queso sabana y puerro salteado… fue un almuerzo ¡Bárbaro!

¿Y hace falta que les diga cómo estuvo el postre? La verdad es que elegir el sabor me tomó más tiempo del que pensé, pero es que todos suenan y se ven deliciosos, algunos de los sabores de helado a elegir son nocciolo, chantilly peach, malbec, tramontana, dulce de leche, sambayón, yogurt pasión… y no sigo porque ya se me hizo agua la boca.

Al subir a los baños, una estampa muy porteña de una pareja de bailarines nos remite a los sonidos del bandoneón, a la sensualidad argentina y a un lugar único en la ciudad.

Fue así entonces, como en una tardecita de Medellín, mi paladar y mi lengua bailaron un tango lleno de sabor… con acento.

 

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