Hoy presentamos: ¿Quien va a poner música?

En una oficina grande, donde se concentra un gran número de personas, por lo general se manejan a diario temas de urgencia, asuntos delicados, planes para el almuerzo, rompimientos con la pareja, el precio del dolar, la cita de anoche, el titular de la prensa, etc.

En Groupon el día pasa entre el trabajo, los debates de temas de interés y las tareas por cumplir. Sin embargo hay un asunto bastante frágil y que para tomar la banderilla del mismo se debe ser el más vivo de todos: Poner la música en la oficina.
Somos varios alrededor de un mismo espacio y asimismo son varios los géneros de gusto entre cada quien. Hay unas niñas que quieren oír reggaeton toda la tarde, otro par de amigos quieren poner música electrónica a las 9 de la mañana, uno que otro que supone que el único tipo de música neutral es el tropipop, están también los que repiten una canción 35 veces en una hora y claro, también el que lleva en la sangre el gusto por música que solo él entiende.
No pasa nada, es bueno que haya diversidad de gustos. El problema es cuando el que cree tener el gusto que todos deben tolerar y empezar a simpatizar por inercia con el mismo es precisamente el que tiene un computador sin bafles externos, es decir, al que le suena la música más bajo que al resto. (No voy a decir que ese soy yo, ni más faltaba).

Hemos planeado turnos, cuadrado horarios, discriminado por días, clima, temporada, etc y siempre va a ser un tema de total cuidado. No va a generar nunca algún altercado, excepto por aquella vez que uno de nosotros creyó que tenía el mismo tono de Pavaroti e interpretó a todo pulmón una canción de Pitbull. ¡Hágame el favor!

Más allá de lograr coincidir con una canción que nos guste a todos, el ideal cada vez que le damos Play al iTunes es evitar oír el ringtone del celular de nuestra querida compañera Maria Jimena, el cual, desde la 2da vez que suena, puede llegar a ser igual o más irritante que el sonido de una uña larga arrastrándose por una tablero y arruinar así por completo la armonía que caracteriza nuestro corral, como solemos llamarlo.

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